El ciberacoso es entendido como el daño repetido e
intencionado ocasionado a través de medios electrónicos como teléfonos móviles
o internet (Patchin y Hinduja, 2006), realizado por un grupo o individuo contra
el que la víctima no puede defenderse por sí misma. Debido a los diferentes formatos
tecnológicos, los ‘ciberacosadores’ (adultos o menores), muchas veces anónimos
(forma indirecta de acoso), realizan amenazas, vejaciones, fotografías
intimidantes, hostigamientos, y/o menosprecios hacia sus compañeros/as de
pupitre a través de diferentes mecanismos con base tecnológica (p.e., envían fotos, vídeos o mensajes de texto - sms - a través de sus teléfonos
móviles, o a través de los ordenadores personales, etc.).
Por otro lado, como han destacado Slonje y Smith (2008), el ciberacoso se diferencia de las otras tipologías de acoso escolar fundamentalmente en tres aspectos:
b) El
ciberacoso puede implicar a muchas personas, mientras que en el acoso
tradicional suelen estar implicados pequeños grupos de iguales;
c) La
invisibilidad de los agresores, no siendo consciente el agresor del daño real
que propina a la víctima. Precisamente por este aparente anonimato, los
ciberacosadores suelen tener una falsa sensación de impunidad.
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